Las Instituciones y Tú

Por: Luis Martínez

Un día estás manejando sin prestar mucha atención y de repente te para la policía. Tienes un pequeño momento de duda: ¿Será que traje mi licencia? ¿Yo pagué aquella multa? ¿A qué velocidad iba? ¿Eso era un alto? Y por la mente se te ocurren todos los escenarios. Entre ellos te acuerdas aquella barbacoa familiar donde aconsejaban a un familiar de qué hacer.

Primero el más salido, aquel tío de la voz ronca: ‘Tu tranquilo, lo arreglas allí mismo. Si te dan problemas, tú le sueltas algo. Total eso es lo que buscan, y te sale más barato que el remolque’.

Segundo escuchas el llanto inconfundible de aquella tía que casi palida de solo escuchar aquella sugerencia: ‘No, no, no, eso está mal!’ Y te aconseja ser sumiso ante la autoridad, y pedir que te dejen ir con una advertencia. Y siempre agradecido con el “Señor Oficial”.

Y luego viene tu papá y te dice que hagas caso omiso. ‘Si te paran por una infracción, hay un procedimiento. Acepte su boleta, y siga su camino’.

Mas allá de saltar a un juicio moral sobre los tres escenarios sugeridos (juicio que espero sea corto y contundente). No son escenarios rebuscados en el imaginario latino americano. Demuestran distintas maneras de concebir de nuestra relación con las instituciones públicas.

El tío de la voz ronca estaría alineado con la interpretación de los institucionalistas históricos. Según los institucionalistas históricos, la forma en que una sociedad equilibra los conflictos de poder se materializa en la estructura organizativa de las instituciones formales e informales. El individuo es un actor racional y mantiene una relación estratégica con las instituciones que lo gobiernan. Pero los institucionalistas históricos argumentan que los procesos históricos crean legados de dependencia. Si bien los actores son considerados racionales y estratégicos, el campo de posibilidades esta limitado por las experiencias del pasado. Sus acciones son estratégicas dentro de los confines de un prejuicio. Un prejuicio a las relaciones de poder.

La voz del papa va en linea con los institucionalistas de la elección racional. Esta rama del nuevo institucionalismo argumenta que todos los actores son racionales, tienen un conjunto fijo de objetivos y se comportan estratégica e instrumentalmente para lograr sus objetivos. Estos objetivos no son impulsados por fuerzas históricas. Esta comprensión del ordenamiento institucional se centra en la eficiencia de los medios y fines de los actores.

Los reclamos de los institucionalistas históricos (el tío) nos ayudan a entender el ordenamiento institucional (formal e informal) como contingente a las jerarquía establecidas por una larga historia de desigualdad en el acceso al poder y su contestación eficaz. Mientras que los institucionalistas de elección racional (el papa) abogan por una comprensión calculada y estratégica del ordenamiento institucional, que solo busca la eficiencia que puede garantizar el apego a la norma.

La tercera variación del nuevo institucionalismo es el institucionalismo sociológico, la voz de aquella tía, sostiene que cada norma – formal o informal – puede explicarse culturalmente. Más allá de comprender la estructura formal procedimental de las relaciones institucionales. Los institucionalistas sociológicos buscan definir guiones cognitivos y plantillas morales que condicionen la “conducta racional” socializada. Esto difiere de los institucionalismos anteriores en que no busca la eficiencia (así sea condicionada por dependencias históricas). Busca mantener la legitimidad social de la institución.

Los tres enfoques del nuevo institucionalismo revelan diferentes tensiones con principios democráticos. El institucionalismo histórico sugiere un entendimiento de dinámicas institucionales contingentes, que son corrosivas a la soberanía y la legitimidad del gobierno. La institucionalidad de elección racional presupone ordenamientos institucionales vacíos de consideraciones democráticas (como lo pueden ser los derechos humanos) y presupone una igualdad ante la ley que en mi opinión no existe. Y, el institucionalismo sociológico propone sostener la legitimidad de ordenamientos institucionales, sin cuestionar su vigencia o eficiencia.

Estamos en un año preelectoral, y poniendo a un lado un escenario constituyente: cual es nuestro compromiso en nuestra relación con las instituciones? Mantener la legitimidad de nuestras instituciones aunque necesitan reformas? Apegarse ciegamente a un estado de derecho que discrimina? O canibalizar las instituciones formales a cambio de priorizar el interés individual?

¿Estamos comprometidos con la democracia? ¿Con nosotros mismos?¿O con los privilegios que nos garantiza el status-quo?

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