El momento político una Constituyente

Por: Mariela Ledezma

El panameño ha demostrado ser capaz de empinarse por encima de las circunstancias, poniendo como norte el beneficio del país en el momento en que así lo ha necesitado. La reforma a la Constitución mediante referéndum para incluir el Título del Canal de Panamá, la ampliación del Canal y otros, son ejemplos de ello.

En materia de cambios Constitucionales, nuestros 3 últimos se han logrado a través de un Referéndum y 2 Asambleas diferentes. Esto significa que es posible lograr cambios importantes a nuestra Constitución a través de la voluntad de los panameños, llámense Diputados, consejeros o simplemente ciudadanos interesados.

En este momento en que el presidente de la República ha hecho un llamado a una Constituyente y se encuentra realizando conversaciones con diferentes gremios y sectores del país, surge una nueva propuesta en la cual gran parte de la ciudadanía sugiere al presidente la oportunidad de realizar reformas Constitucionales por medio de 2 Asambleas diferentes.

¿Cuál es la diferencia entre la Constituyente que sugiere el presidente y las reformas que sugieren ciudadanos?, La respuesta es simple: el momento político.

Nos encontramos en una situación de institucionalidad muy frágil, producida entre otras cosas, por la confrontación entre el presidente y la Asamblea de Diputados y también vivimos un desgaste institucional dentro del sistema justicia que mantiene una gran cantidad de casos de “alto perfil” con escasos resultados. La poca capacidad de infraestructura y de personal que tiene el Ministerio Público, la falta de voluntad y casi nula respuesta del Órgano Judicial, sumado al hecho de que los casos que estamos tramitando son inéditos en la historia de la justicia panameña, nos hace tener muy pocos resultados en estos casos que datan de 3 y 4 años, revelando que en este poder también hay una crisis.

Este panorama es preocupante dado que es el cultivo perfecto para que Constituyentes sin preparación y con una agenda política previamente escrita, sean los llamados a redactar la nueva constitución nacional. Ese temor ha sido manifestado por diferentes actores nacionales y es lo que lleva a sectores nacionales inclinarse por la propuesta de una reforma Constitucional, en dos asambleas paralelas (experiencia que ya ha hemos vivido exitosamente).

Si bien es cierto en este momento el Presidente y la Asamblea de Diputados no gozan de una buena relación, el interés nacional se impone por encima de estas diferencias y hace que los ciudadanos reclamemos una reforma constitucional profunda a las bases de la Constitución, buscando determinar qué país queremos tener y generar desde ese espacio cambios puntuales que permitan crear un marco de referencia en separación de poderes, en descentralización y en definir si como República mantendremos el sistema de representatividad intacto o si es prudente cambiarlo.

Los cambios no pueden ser parches antojadizos, deben ser reformas sustanciales que definan el norte del país y abran un marco amplio, con miras a los tiempos que vivimos. Deberán garantizar la posibilidad de una sociedad organizada y democrática que pueda desarrollar temas puntuales a contemplarse en leyes y reglamentaciones.

La Constitución es el marco, es la arquitectura de un país y es en ese sentido que tenemos que entender que las reformas constitucionales deben ser hechas de manera conceptual, desde la base, para determinar qué tipo de país queremos ser.

Si logramos hacer reformas desde la base, tendremos una constitución sólida, orientada a los tiempos modernos y a que prime el imperio de la ley, en consonancia con el reconocimiento de derechos y desarrollo de estructuras funcionales y definidas.

Resta asumir el reto, concomitante con la acción y la convocatoria a las fuerzas vivas, para lograr que Panamá no solo salga de una crisis, sino defina su destino democrático y su éxito como nación de paz.

 

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